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SOBRE REALIDADES , UTOPÍAS, PARANOIAS,SUEÑOS…

“¡ Ay, de estos días terribles… !” , señala Silvio Rodríguez en una de sus notables canciones.

Cuando al fin todos comprendamos que nada podemos  esperar de Dios, o de la sociedad, o de los amigos, o del déspota benévolo de los gobiernos democráticos, o de los santos, o de los redentores, o de ese sancta- sanctórum que es la educación; cuando todos comprendan que deben trabajar con sus propias manos para salvarse, y que nadie puede esperar piedad, quizás entonces… ¡Quizás podamos hacer mejor las cosas!

No podemos esperar nada, pero podemos hacerlo todo.

El hecho es que estamos condenados. Quizá muramos mañana, quizás en los próximos cinco minutos. Pasemos revista a nuestro propio ser. Podemos conseguir que los últimos cinco minutos sean válidos, entretenidos y aún alegres, si se quiere, o despilfarrarlos, como hemos lecho con las horas,  los meses, los años y los siglos. No hay dios capaz de salvarnos. No existe un sistema de gobierno, una doctrina que nos suministre la libertad y la justicia invocadas por los hombres en sus estertores de muerte.

Lo que distingue a la mayoría de los hombres de la minoría es la incapacidad de acuerdo con sus concepciones. El héroe es el que se eleva sobre la multitud. No es héroe, porque sacrifica su vida por la patria, o por una causa o un principio. En realidad, realizar sacrificio tal es a menudo una actitud cobarde antes que heroica. Andar y morir con el rebaño es el natural instinto animal que el hombre comparte con otras bestias. Tampoco ser pacifista es necesariamente heroico. Citemos al diablo mismo: “Si un hombre no está preparado para luchar por su vida, o es incapaz de hacerlo, es claro que la Providencia ya decretó su fin”.

Conseguir que los hombres se agrupen alrededor de una causa, una doctrina o una idea es siempre más fácil que persuadirlos de que sean dueños de su propia vida. Creer en ideas ajenas es más fácil, que creer en nuestras propias ideas- Vivimos en el hormiguero, y nuestros magníficos principios, nuestras gloriosas ideas, no son sino anteojeras que nos ponemos sobre los ojos para que  vida nos resulte más potable.

EL papel representado por los idealistas en la sociedad consiste en revivir los instintos primitivos y anárquicos que han sido sacrificados en homenaje a la ilusión de una vida más justa.

La mayoría vive en una condición de trabajo perpetuo, según la vemos en el mundo de los insectos. Personalmente no creo que el hombre fracase. Por lo demás, me importa un cuerno si fracasa o no. Es un problema que está fuera de mi alcance.

Se me antoja que esta lucha por la libertad y la justicia implica, en quienes se enzarzan en dicha lucha, la confesión o admisión de que no han logrado vivir su propia vida. No nos engañemos con respecto a los “impulsos humanitarios” alentados por la gran hermandad. Se lucha por la vida, por poseerla en mayor abundancia, y el hecho de que millones estén ahora dispuestos a dar parte de su vida no confiere mayor humanitarismo a esa lucha.

Sin embargo, tengo que confesar que esta actitud es bastante mezquina- Sobre todo cuando se lucha por causas sociales. Hay causas nobles y justas por las cuales luchar, hechos que nos hieren socialmente y en forma personal a los cuales no les podemos hacer el quite , porque pertenecen a nuestra vida diaria. Algunas veces no solo nos tocan como personas individuales, sino que como seres sociales. Como pertenecientes a una comunidad étnica, académica, institucional…Y en algunos, es parte de su trabajo levantar la espada y denunciar las injusticias que como granos de arena se pegan a  nuestra piel.

“¡No he venido a traer la paz, sino la espada”, dice un proverbio chino- No  es la frase de un militarista, ni la de un pacifista: es la afirmación de un grano más de arena- Diferente, pero un grano más. Si sus palabras tienen algún sentido es el de que la lucha por la vida, por más vida, debe ser librada día tras día. Significa que la vida misma es lucha, lucha perpetua. Esto suena casi banal, y en realidad es banal, gracias a la perspectiva de hormiga de Darwin y consortes. Banal porque nuestra lucha es banal, porque luchamos en procura de alimento, abrigo, … Dios, ni siquiera eso, sino por el trabajo ,es más  por el maldito dinero- Pero esa es la maldita realidad- Y no es banal , cuando luchamos por la justicia. Y algunos lo hacen. Luchan por hacer de este mundo, un mundo mejor, porque sus condiciones de vida personal, laboral sean las más adecuadas. “…Estos son los imprescindibles” , como señala Silvio Rodríguez como introducción a  su canción “ Sueño con serpientes “. Por ellos el mundo avanza , evoluciona, se transforma, cambia de color , de olor . Aquellos  hombres  que luchan por el derecho a ser tratados dignamente, con justicia, con igualdad. Suena casi increíble, pero son pocos los que precisamente vienen a parar a este gran objetivo del hombre civilizado. ¡Qué lucha heroica!

Sin embargo, hay que tener cuidado para lograr esto. El diálogo siempre será  más fructífero que una colisión frontal. En un diálogo, no hay muertos ni heridos, ni daños…en la colisión, en el choque sí. Y son irremediables. Irrecuperables. El diálogo sienta el precedente de la confianza y paz  mutua, el choque de la desconfianza y violencia. Creo, firmemente, en situaciones de acercamiento más que de alejamiento. Escuchar al otro es importante, vital , la buena fe se sienta sobre estos cimientos y no sobre la confrontación.

Es más , creo que cuando el adversario es el equivocado, no hay pies ni cabeza donde agarrarse. Cómo podemos  estar en contra de alguien que está de acuerdo con nosotros ¿?????

¡Hoy , veo la pantalla silenciosa! ¡Imágenes de sombras! ¡Ausencia de color! Comienzos espectrales, fantasmales. Las masas mudas visualizándose ellas mismas en estos féretros malolientes que desempañan el papel de sonámbulos, de zombis  en una sociedad que necesita seres pensantes e  ideologías .

Las masas gastadas y maltratadas en bestias de trabajo y acéfalas de sueños. Sueño en que un día no haya más temor ni lucha, ni misterio, ni maravilla y alucinación, sino paz, el fin de la inquietud, la irrealidad del ensueño. ¡Pero que sean sueños gratos! ¡Sueños tranquilizadores! El estar aquí y no pronunciar una palabra de consuelo para los  desvalidos o desprotegidos, es difícil. Es más, es antihumano.

Lamentablemente, el viento no sopla por ese lado. Pero no es el final del precipicio. Tenemos que hacer un cambio, para que sople el viento que queremos. Alguna vez dije que era imposible. Ahora pienso que no. A pesar  de  que las cosas en  este mundo están organizadas de un modo extraño, creo que la madeja se puede desenrollar .Si hay un cambio cognitivo, cultural, emocional respecto a lo que consideramos correcto. Cambiar el procesador, el chip, la sangre, la piel…

Por una parte, creo que, a pesar de todo lo que he dicho sobre el ser humano,  todavía puede surgir de él algo maravilloso y vital. Que ello ocurra o no depende completamente de nosotros, de ti que ahora está leyendo esto. Mis palabras pueden ser simplemente una gota en la corriente, pero quizá pueda mover un milímetro de agua. Lo importante es que el agua de la corriente no se pierda. Bien, creo que es posible encauzar la corriente. Creo que es posible reunir a los hombres alrededor de una realidad vital tanto como es posible agruparlos alrededor de lo falso y lo ilusorio.

El fondo del océano está sembrado con los tesoros de la tierra .Así como damos, podemos recibir. Las intransigencias de uno u otro lado, desfiguran el elemento nuclear. Si nos atrincheramos en posiciones  de negación al otro, estamos negándonos a nosotros mismos. Negamos el camino al diálogo y al entendimiento.

La vida es más que trincheras con heridos. Es el frote sedoso de las plantas que se balancean, de las ramas, de las doradas aletas electrizadas por la vida. La alegría del incesante orgasmo, del balanceo interminable en una hamaca. La alegría del sonido que penetra los poros como si fuera luz. La alegría de ver a través, más allá y alrededor. La alegría de la resplandeciente fosforescencia, de la perpetua radiación, de la noche, de la noche infinita penetrada de estrellas. La alegría del infinito movimiento espiralado, del éxtasis infinito, de la canción infinita…

En fin, la época en que vivimos es la que nos corresponde: nosotros no la elegimos…es lo que nos tocó, pero no por eso vamos a ser parte del rebaño. No por eso vamos a quedarnos callados. Nosotros no la plasmamos, ni Dios ni el capitalismo ,ni esta seudodemocracia,  ni esto o aquello, ¡Llámeselo como se quiera ! Llevamos en nosotros mismos el bien… y también la imperfección ! Pero como dice un  viejo proverbio popular hindú :  “El bien, a menudo ,va enterrado junto con nuestros huesos”.  ( Tarabuco)

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