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CAMINATA NOCTURNA

Al llegar la noche, el  universo, en  una lenta agonía comienza a contraerse y la oscuridad  a  expandirse en un vacío y silencio absoluto. Las sombras, la oscuridad, el silencio, el miedo, el amor, el sexo, las luces  se expanden  orgánicamente, desde una motita nuclear infinitesimal, al modo como se forman los minerales o las constelaciones de estrellas. Mientras más avanzada la noche, la incertidumbre corroe el caos circundante como una rata que horada un pedazo de queso.

Es en la noche, donde se llega al núcleo. Estás tú  y la noche. Es en esta  línea de tiempo, donde puedes caminar sin que te empujen, sin que te lleven, sin que te agredan con miradas. A veces, en el día, he llegado a estar tan cerca del centro, del núcleo de la confusión, que me asombraba  que no explotara todo a mi alrededor… En la noche he recuperado la paz. Todo el caos del día  ,podría juntarse en la cabeza de un alfiler  y estar al alcance de la mano.   En la noche, aprietas  el  “ play “ del video  y comienza la película del día: de terror, si has visto un accidente con personas con los intestinos afuera y sus sesos pegados al cemento. Comentario aparte: ¿Qué hacen todas esas personas viéndote así masacrado mutilado  a plena luz del día?; comedia, si te sucedió algún chascarro  o algo hilarante; suspenso,  cuando te llamó tu jefe a la oficina, lo más rápido posible y no sabías que era para mirarte el  pronunciado escote que llevabas ese día; romántica, si estuviste todo el día con el imbécil que te jura amor eterno y   te engaña con tu mejor amiga… En fin,  diversas cápsulas  microscópicas de situaciones cotidianas que en la fría o calurosa noche comienzas a digerirlas. En ocasiones, estos recuerdos diarios son como puntitos en el cielo, pero después  crecen hasta convertirse en un universo  que se puede ver desde cualquier punto del espacio.

Por las calles sólo tres  caminantes solitarios: la  noche, el silencio y yo .También, solos dos platos en el menú: el yo y el no yo. Y una eternidad para elaborarlo. En esa eternidad que no tiene nada que ver con el tiempo ni con el espacio hay interludios donde se produce algo así como un deshielo. En las sombras, la forma del yo se descompone, pero el yo, como el clima, permanece  intacto .Observo a mi alrededor… No hay formas, ni imágenes, ni autos, ni personas, ni arquitecturas, sólo vueltas concéntricas. En la noche, soy la flecha de la sustancialidad del sueño. Verifico volando. Anulo dejándome caer a la Tierra… Es mi territorio nocturno. Santiago se extingue lentamente , mientras las sombras caen sobre mí.

Santiago es una confusa red de laberintos cromosomáticos  que se apaga en sus  calles, comunas, comunidades decadentes…esquizofrénicas Así pasan los momentos verídicos del tiempo sin espacio en el que sé todo y sabiéndolo todo, me desplomo  y  transgredo el salto del sueño sin un yo…Santiago, durmiendo, y en su brutal sueño afila su guadaña para un nuevo día. Estamos bailando en el hueco de la taza de la nada, pero la mayoría  bebe el  néctar sagrado de los derrumbados  dioses. Ya no hay ideologías, solo  cadáveres pudriéndose  bajo el sol… Juramos y clamamos al cielo que  somos de una misma carne, pero estamos separados como estrellas. Sigo caminando por las solitarias calles de Santiago. El frío  penetra hasta los huesos. Enciendo un cigarro, bebo un poco de ron y sigo caminando .Quizás, en la próxima esquina encuentre borracha hasta  la inconciencia absoluta a mi amada perdida, a la musa de mis sueños; quizás sea ella  quien lleve mis naves  a buen puerto o  quizás sea ella quien me hunda lentamente. Quizás encuentre un pedazo de mí perdido en el tiempo, un trozo irrecuperable, un trozo  arrodillado, amordazado en una solitaria plaza, esperando a ser revivido; o  quizás  en la próxima parada me espere agazapada la muerte. Quizás… ”.  (Tarabuco )

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