CUARTO CASCARÓN : LOS ARTICUENTOS
PRIMER ARTICUENTO
Don Ociel
Don Ociel llegó temprano al hospital. Necesitaba ver un médico urgente , pues hacía tiempo tenía algunas molestias al estómago y estas se habían agudizado en los últimos días .Como todos los hospitales públicos había que llegar casi de madrugada para alcanzar una hora de atención que con suerte sería al mediodía. Ser pobre era eso y mucho más para don Ociel.
El trámite y espera eran tediosos. El hospital era deprimente, muchos pacientes para pocos médicos y una espera interminable antes de ser atendido. La atención administrativa era tan eficiente y rápida como la médica. ¡ Maldita burocracia, maldito país! , masculló entre dientes don Ociel, con el frío colándose entre los huesos .Para colmo, ni siquiera había una estufa.
Estuvo cerca de cinco horas esperando antes de ser atendido por la secretaria. Una mujer con gafas cuadradas, con el marco de color rojo y unas chasquillas tipo patas de araña rincón lo recibió con una forzada y cansada sonrisa.
-Dígame, señor, le dijo como ausente del deprimente lugar.
-Señorita, vengo a pedir hora con el doctor González-señaló con un tono de voz bajo y condescendiente .
La funcionaria le indicó que colocara su dedo índice en el lector de identidad. Don Ociel se preocupó cuando colocó su dedo por sexta vez y vio como la sonrisita inicial de la secretaria había desaparecido bruscamente para dar paso a una mueca de asombro.
-Lo siento, don Ociel, pero no puedo darle hora- dijo a secas.
- ¿ Pero por qué? – preguntó extrañado don Ociel
-Porque usted falleció, señor, por eso.
Don Ociel no podía comprender lo que estaba sucediendo. Pensó que era una pesadilla o alguna mala broma que le estaban haciendo. Miró a todos lados, tratando de ver alguna cámara…ya había visto en televisión esos programas de cámaras indiscretas donde le jugaban un mal rato a más de una ingenua persona. Pero no vio nada. Incrédulo ,le volvió a preguntar:
- Perdón , señorita, pero esto es ilógico, debe ser una muy mala broma.
- Mire señor , usted falleció el día 23 de julio a las 18 hrs . en la sala de operaciones de un paro respiratorio , de hecho , el doctor González firmó su orden de defunción. Lo siento mucho, pero no puedo hacer nada.
. Oiga, pero usted está loca o se hace- dijo riéndose.- mire, acaso no ve que estoy vivo , quizás esté muerto de frío, pero estoy vivo . Mire, ¡ tóqueme ,tóqueme! para que vea que soy tan real como usted .He esperado toda la mañana y me viene con eso.
-Lo siento, señor – dijo la secretaria ya molesta por la insistencia del muerto. Mire , si tiene algún reclamo lo puede hacer , más bien dicho , lo puede hacer un pariente suyo , pues usted está fallecido.
-Y en el registro civil…¿ podría ver , por favor? Mire, allí verá que estoy vivo.
-Espere un segundo, a ver …lo siento….usted aparece difunto también.
Don Ociel, respiró aliviado…si estaba muerto en el registro, seguramente y de verdad que estaba muerto en la realidad.
- Mire , señorita- ¿ le pido un último favor ?, ¿ podría colocar usted en mi ficha y en un papel que mi solicitud es rechazada por estar fallecido, por favor ???- .
- No se preocupe , escribiré que su hora de atención ha sido rechazada por estar muerto.
Don Ociel , tomó la hoja, la leyó y se la metió al bolsillo. ¿Estaré vivo de verdad? – se dijo para sí. , dudando ahora de su vida, no de su muerte, mientras caminaba cabizbajo, mirando las blancas y resplandecientes cerámicas, como queriendo desentrañar los misterios más recónditos de este mundo. Afuera había salido el sol. Sintió por primera vez el calor de sus rayos. Se detuvo. Respiró hondo. Se sintió libre por primera vez.
Sonrió. Su rostro irradiaba una alegría extraña, suspicaz., hasta malévola. Y cómo no, ya que podría ser que estuviese muerto en el mundo de los vivos o estuviese vivo en el mundo de los muertos. De acuerdo a este razonamiento, podía hacer cualquier cosa.
-Cualquier cosa- se dijo a sí mismo. Comenzó a caminar y siguió riendo.
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